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La soledad en el envejecimiento: por qué importa también para el cerebro

21 de junio de 2023 · Dra. Gema Díaz Blancat

La soledad en el envejecimiento: por qué importa también para el cerebro

Cuando pensamos en cuidar el cerebro de las personas mayores solemos pensar en ejercicios de memoria, crucigramas o pasatiempos. Todo eso ayuda, pero a menudo dejamos fuera algo igual de importante y mucho más silencioso: la compañía. La soledad no deseada se ha convertido en uno de los grandes problemas del envejecimiento, y tiene mucho que ver con la salud del cerebro.

Conviene distinguir dos cosas que solemos confundir. Estar solo no es lo mismo que sentirse solo. Hay personas que viven solas y se sienten acompañadas y plenas, y personas rodeadas de gente que se sienten profundamente aisladas. Lo que afecta a la salud no es tanto el número de personas alrededor como esa sensación dolorosa de no tener vínculos significativos, de no sentirse visto ni acompañado.

En los últimos años se ha estudiado mucho este fenómeno, y los datos son llamativos. La soledad mantenida en el tiempo se asocia a un mayor riesgo de depresión, de problemas de sueño, de hipertensión e incluso de deterioro cognitivo y demencia. No quiere decir que la soledad "cause" directamente esas enfermedades, pero sí parece ser un factor de riesgo que conviene tomarse en serio, tanto como cuidamos la tensión o el colesterol.

¿Por qué le afecta tanto al cerebro? Hay varias razones que se entrelazan. Relacionarnos con otras personas es, en sí mismo, una gimnasia cognitiva exigente: conversar, recordar nombres y planes, seguir el hilo de una charla, interpretar gestos y emociones, adaptarnos a lo que el otro dice. Cuando esa estimulación desaparece, el cerebro pierde uno de sus mejores entrenamientos. Además, la soledad suele venir acompañada de menos actividad, peor sueño, peor alimentación y más síntomas de tristeza, y todo ello también pasa factura.

Por eso, en el cuidado de las personas mayores merece la pena mirar más allá de los pasatiempos. Mantener relaciones, participar en actividades, sentirse útil y formar parte de algo no es solo agradable: es una forma muy real de proteger la mente. Una conversación tranquila, una visita, una llamada o una actividad compartida tienen, a su modo, un efecto cognitivo que ningún cuaderno de ejercicios puede sustituir del todo.

Esto nos interpela a todos. A las familias, para no reducir el acompañamiento a lo práctico (la comida, la medicación, la limpieza) y reservar también tiempo para el vínculo. Y a la sociedad, para diseñar entornos en los que envejecer no signifique quedarse al margen. Cuidar la compañía de nuestros mayores es, también, cuidar su cerebro.