Las secuelas cognitivas de un daño cerebral adquirido o de una enfermedad neurodegenerativa pueden ser muy diversas. No todas las personas presentan las mismas dificultades ni con la misma intensidad.
A veces, tras una evaluación neuropsicológica o una consulta médica, aparecen términos técnicos que pueden resultar difíciles de comprender. En este artículo explicamos de forma sencilla qué significan algunas de las palabras más utilizadas para describir alteraciones de los procesos cognitivos.
Alteraciones del lenguaje, la lectura y la escritura
Afasia. La afasia es la pérdida o alteración de la capacidad para comprender o expresar el lenguaje. Puede afectar al lenguaje hablado, escrito o gestual, y repercute directamente en la comunicación de la persona.
Alexia. La alexia es la pérdida o alteración de la capacidad para leer. La persona puede tener dificultades para reconocer palabras, comprender lo que lee o acceder al significado del texto.
Agrafía. La agrafía es la pérdida o alteración de la capacidad para escribir. Puede afectar a la escritura de palabras, frases, números o a la organización del lenguaje escrito.
Alteraciones de la memoria, la atención y el procesamiento
Amnesia. La amnesia es la pérdida o alteración de la capacidad para almacenar, conservar o recuperar información. Puede afectar a recuerdos recientes, información pasada o a la capacidad para aprender datos nuevos.
Dificultades atencionales. Las dificultades atencionales pueden afectar a la capacidad para mantener la atención durante un tiempo, seleccionar la información relevante del entorno, inhibir distractores, alternar entre tareas o dividir la atención entre varios estímulos.
Enlentecimiento en el procesamiento de la información. En este caso, la persona puede comprender y procesar la información, pero necesita más tiempo del esperado para su edad o situación previa. Esto puede hacer que las tareas cotidianas resulten más lentas y fatigantes.
Alteraciones del reconocimiento y la percepción
Agnosia. La agnosia es la pérdida o alteración de la capacidad para reconocer estímulos a través de los sentidos, a pesar de que la función sensorial básica pueda estar conservada. Puede afectar al reconocimiento visual, auditivo, táctil u olfativo.
Prosopagnosia. La prosopagnosia es una dificultad específica para reconocer caras conocidas. La persona puede ver correctamente el rostro, pero no identificar de quién se trata.
Acromatopsia. La acromatopsia es la pérdida o alteración de la percepción del color. La persona puede tener dificultades para distinguir colores o percibirlos de forma alterada.
Alteraciones del movimiento y la acción
Apraxia. La apraxia es la dificultad para planificar o realizar movimientos aprendidos de forma voluntaria, aunque la persona conserve la fuerza, la sensibilidad y la comprensión de la orden. Puede afectar a acciones como vestirse, usar objetos o imitar gestos.
Alteraciones de la orientación y la conciencia de enfermedad
Desorientación. La desorientación es la dificultad para reconocer o acceder a información temporal, espacial o personal. Puede afectar a saber qué día es, dónde se está o, en algunos casos, reconocer información sobre uno mismo o sobre personas cercanas.
Anosognosia. La anosognosia es una alteración de la conciencia que impide reconocer las propias limitaciones o secuelas derivadas de un daño cerebral o de una enfermedad neurodegenerativa. La persona puede no ser consciente de sus dificultades, aunque estas sean evidentes para los demás.
Alteraciones de las funciones ejecutivas
Síndrome disejecutivo. El síndrome disejecutivo hace referencia a dificultades para establecer objetivos, planificar, organizarse, tomar decisiones, controlar impulsos y llevar a cabo las acciones necesarias para alcanzar una meta a corto, medio o largo plazo.
También puede afectar al comportamiento social, la flexibilidad mental, la regulación emocional y la capacidad para adaptarse a situaciones nuevas.
¿Por qué es importante entender estos términos?
Conocer el significado de estas alteraciones ayuda a comprender mejor lo que le ocurre a la persona afectada. También permite ajustar las expectativas, mejorar la comunicación con los profesionales y diseñar estrategias de apoyo más adecuadas.
Cada caso debe valorarse de forma individual, ya que la misma alteración puede manifestarse de manera diferente según la persona, la causa, la gravedad y el momento evolutivo del proceso.
Neuropsicología GDB