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Phineas Gage: la barra de hierro que cambió la neurociencia

14 de septiembre de 2022 · Dra. Gema Díaz Blancat

Phineas Gage: la barra de hierro que cambió la neurociencia

Si el caso de H.M. nos enseñó dónde vive la memoria, el de Phineas Gage nos enseñó algo igual de profundo: que en el cerebro reside también quiénes somos. Su historia es una de las más célebres de toda la neurociencia, y empieza con un accidente que no debería haber sobrevivido.

Era el 13 de septiembre de 1848. Phineas Gage, un capataz de obra de 25 años, trabajaba con explosivos para abrir camino a un ferrocarril en Vermont. Una explosión accidental disparó una barra de hierro de más de un metro de largo y tres centímetros de grosor, que entró por debajo de su pómulo izquierdo, atravesó la parte frontal de su cerebro y salió por la parte superior del cráneo, cayendo a varios metros de distancia.

Lo asombroso es que Phineas no solo sobrevivió, sino que apenas perdió el conocimiento. Pudo hablar a los pocos minutos, caminó con ayuda y, con el tiempo, recuperó muchas de sus capacidades. Conservaba el lenguaje, la memoria, el movimiento, la inteligencia. A primera vista, parecía el mismo de antes.

Pero no lo era. Quienes le conocían dijeron una frase que ha pasado a la historia: "Gage ya no era Gage". El hombre responsable, trabajador, amable y respetado que había sido antes del accidente se volvió impulsivo, irascible, malhablado, incapaz de mantener un plan o de cumplir sus compromisos. La lesión no había tocado lo que entonces se consideraba "lo importante" —hablar, recordar, moverse—, pero había transformado por completo su carácter.

Aquello fue toda una revelación para la ciencia de la época. Hasta entonces costaba imaginar que rasgos tan personales como el temperamento, el juicio o la capacidad de comportarse de acuerdo con las normas sociales dependieran de una región concreta del cerebro. El caso de Gage señaló directamente al lóbulo frontal, y en especial a la corteza prefrontal, como la sede de eso que hoy llamamos funciones ejecutivas y regulación de la conducta: planificar, anticipar consecuencias, controlar los impulsos, adaptarnos socialmente.

Conviene ser prudente con el relato, porque con los años la historia de Gage se ha exagerado y adornado en muchas versiones. Sabemos menos de lo que parece sobre cómo fue realmente su vida posterior, y hay indicios de que, con el tiempo, llegó a recuperarse bastante y a reorganizar su vida, lo que también nos habla de la capacidad del cerebro para adaptarse. Pero, más allá de los detalles, su caso abrió una puerta que ya no se cerró: la idea de que la personalidad y la conducta tienen una base cerebral.

Casi dos siglos después, aquella barra de hierro sigue recordándonos que el cerebro no solo guarda lo que sabemos y recordamos, sino también la manera en que decidimos, nos relacionamos y, en definitiva, somos quienes somos.

Para quien quiera profundizar: Damasio, H., Grabowski, T., Frank, R., Galaburda, A. M. y Damasio, A. R. (1994). The return of Phineas Gage: clues about the brain from the skull of a famous patient. Science, 264(5162), 1102-1105.