Buena parte de lo que hoy sabemos sobre la memoria viene de un solo caso: el de H.M. Durante años solo se le conoció por esas dos iniciales, para proteger su identidad; después supimos que se llamaba Henry Molaison. Su historia es de las más conmovedoras y, a la vez, de las más importantes de toda la neuropsicología.
Henry sufría una epilepsia muy grave que no respondía a los tratamientos de la época. En 1953, con 27 años, un cirujano le extirpó parte de ambos lóbulos temporales, incluida una estructura que hoy todos conocemos bien: el hipocampo. La operación, en efecto, redujo mucho sus crisis. Pero tuvo una consecuencia que nadie había anticipado: a partir de ese día, Henry fue incapaz de formar recuerdos nuevos.
Podía mantener una conversación, leer, razonar, su inteligencia se conservaba intacta. Recordaba bien su infancia y su vida anterior a la operación. Pero todo lo que ocurría a partir de ese momento se desvanecía en cuestión de minutos. Conocía a un investigador, charlaba con él, y si esa persona salía de la habitación y volvía un rato después, Henry la saludaba como si fuera la primera vez. Vivía, de algún modo, en un presente continuo.
Lo que su caso reveló cambió la neurociencia para siempre. Hasta entonces se pensaba que la memoria estaba repartida de manera difusa por todo el cerebro. Henry demostró que no es así: el hipocampo y las estructuras cercanas son imprescindibles para convertir las experiencias en recuerdos duraderos, para pasar la información de la memoria a corto plazo a la memoria a largo plazo. Sin esa pieza, el resto del cerebro puede funcionar, pero los recuerdos nuevos no llegan a fijarse.
Hubo otro descubrimiento precioso. La psicóloga Brenda Milner, que estudió a Henry durante décadas, le pedía que aprendiera tareas manuales, como dibujar una figura mirándose en un espejo. Día tras día, Henry mejoraba en la tarea, su mano aprendía, aunque él jurara una y otra vez que nunca antes la había hecho. Eso nos enseñó que no tenemos una sola memoria, sino varias: la memoria de los hechos y los acontecimientos, que Henry había perdido, es distinta de la memoria de las habilidades, que conservaba sin saberlo.
El caso de Henry ayuda a entender algo que vemos a menudo en consulta: por qué una persona con enfermedad de Alzheimer puede olvidar lo que ha desayunado y, sin embargo, todavía saber tocar el piano o doblar la ropa. No es casualidad: el Alzheimer afecta pronto al hipocampo, esa misma región, y por eso la primera memoria que se resiente es la de los hechos recientes, mientras que las habilidades aprendidas y los recuerdos antiguos aguantan mucho más.
Para saber más
El caso de Henry está en el origen de todo lo que entendemos hoy sobre el hipocampo y la memoria. En esta breve lección animada de TED-Ed se explica, de forma muy visual, qué ocurre cuando se daña o se extirpa el hipocampo y por qué esta pequeña estructura es tan decisiva para formar recuerdos nuevos.
Lección animada de TED-Ed (con subtítulos en español). Fuente: YouTube.
Henry Molaison colaboró con la ciencia hasta el final de su vida, e incluso después: donó su cerebro para que se siguiera estudiando. Gracias a un hombre que no podía recordar a sus investigadores, hoy entendemos muchísimo mejor cómo recordamos los demás.
Para quien quiera profundizar: Scoville, W. B. y Milner, B. (1957). Loss of recent memory after bilateral hippocampal lesions. Journal of Neurology, Neurosurgery, and Psychiatry, 20(1), 11-21.