En poco tiempo nos hemos acostumbrado a conversar con máquinas que parecen entendernos. Escribimos una pregunta y recibimos una respuesta fluida, coherente, a veces sorprendentemente acertada. Es natural preguntarse si estas inteligencias artificiales "piensan" como nosotros o si, por dentro, procesan la información de una forma parecida a la de nuestra mente. Desde la neuropsicología, la respuesta es matizada y, creo, tranquilizadora: se parecen mucho menos de lo que aparentan.
Conviene empezar por una semejanza real, porque la hay. Las llamadas redes neuronales artificiales, que están detrás de estos sistemas, se inspiraron originalmente en el cerebro: unidades sencillas conectadas entre sí que ajustan la fuerza de sus conexiones con la experiencia, algo que recuerda, muy a grandes rasgos, a cómo aprenden nuestras neuronas. Esa inspiración existió. Pero de ahí a decir que funcionan igual hay un abismo.
La diferencia más importante tiene que ver con lo que hacen estos modelos. Un modelo de lenguaje, en el fondo, predice la siguiente palabra más probable a partir de todo lo que ha leído. Lo hace tan bien, y con tantísimos textos detrás, que el resultado suena inteligente. Pero no comprende el significado como lo hacemos nosotros, no tiene experiencias, ni cuerpo, ni emociones, ni conciencia de lo que dice. Maneja patrones estadísticos del lenguaje con una destreza enorme, y eso no es poca cosa, pero es una forma de "saber" muy distinta de la nuestra.
Nuestro cerebro, en cambio, no aprende leyendo millones de textos, sino viviendo. Aprendemos con el cuerpo, a través de los sentidos, de las emociones, del contacto con los demás y del mundo físico. Entendemos las palabras porque están ancladas en experiencias: sabemos lo que es el miedo, el frío o la ternura porque los hemos sentido, no porque hayamos leído muchas frases sobre ellos. Además, el cerebro humano hace todo esto con un consumo de energía ridículo comparado con el de estos sistemas, y con una capacidad de generalizar a partir de muy pocos ejemplos que la inteligencia artificial todavía no tiene.
Hay otra diferencia que me parece especialmente importante. Estos modelos no tienen memoria autobiográfica ni un "yo" que dé continuidad a su experiencia. No recuerdan haber hablado contigo ayer, no tienen una historia personal, no les afecta lo que dicen. Buena parte de lo que nos hace humanos (la identidad, la biografía, la emoción que tiñe cada recuerdo) sencillamente no está ahí. Imitan el lenguaje de la mente, pero no la mente.
¿Significa esto que la inteligencia artificial no sea útil o interesante? En absoluto. Son herramientas extraordinarias, que pueden ayudarnos en muchísimas tareas, también en el ámbito de la salud y la divulgación. Pero entender lo que son, y lo que no son, nos ayuda a usarlas con criterio y sin confusión. Que una máquina hable bien no quiere decir que piense, ni que sienta, ni que comprenda. Y reconocer eso no resta mérito a la tecnología: más bien nos devuelve el asombro por lo que, de momento, sigue siendo único en el cerebro humano.