En las últimas décadas, ha aumentado el interés por estudiar las consecuencias que el cáncer y sus tratamientos pueden tener en las personas que lo padecen. Estas consecuencias no se limitan al plano físico: también pueden afectar al funcionamiento cognitivo, emocional, familiar, social y laboral.
Uno de los tratamientos más utilizados en oncología es la quimioterapia. Aunque resulta fundamental en muchos procesos terapéuticos, puede asociarse a efectos secundarios que persisten durante el tratamiento e incluso después de haber finalizado. Entre ellos, algunos pacientes refieren dificultades de concentración, problemas de memoria, lentitud mental o sensación de "niebla cognitiva". A este conjunto de síntomas se le conoce como Chemobrain o Chemofog.
¿Qué es el Chemobrain?
El término Chemobrain hace referencia a las alteraciones cognitivas que pueden aparecer durante o después del tratamiento oncológico, especialmente tras quimioterapia, aunque también se ha relacionado con otros tratamientos como la hormonoterapia.
Estas dificultades pueden afectar de forma variable a cada persona. No todos los pacientes presentan los mismos síntomas ni con la misma intensidad, pero las áreas más descritas en la literatura son:
- atención;
- memoria;
- funciones ejecutivas;
- velocidad de procesamiento;
- aprendizaje;
- concentración;
- habilidades visoespaciales;
- habilidades psicomotoras.
Se ha descrito deterioro cognitivo en un porcentaje elevado de pacientes oncológicos, principalmente en atención, memoria y funciones ejecutivas (Janelsins, 2011). Otros trabajos también señalan alteraciones en aprendizaje, concentración, habilidad visoespacial y psicomotora (Vardy, 2008).
¿Por qué aparece?
Aunque el Chemobrain se ha asociado principalmente al tratamiento con quimioterapia, sus causas son complejas y probablemente multifactoriales.
Además del propio tratamiento oncológico, pueden influir otros factores como:
- la edad;
- la presencia de menopausia en mujeres;
- el nivel educativo;
- la reserva cognitiva;
- la presencia de otras enfermedades;
- la ansiedad;
- la calidad del sueño;
- el impacto emocional del diagnóstico;
- antecedentes psicológicos previos.
Por tanto, no todas las personas son igual de vulnerables ni presentan la misma evolución. Valorar estas características es fundamental para comprender el perfil individual de cada paciente y diseñar una intervención ajustada a sus necesidades.
¿Cómo afecta a la vida diaria?
Las alteraciones cognitivas asociadas al Chemobrain pueden mantenerse incluso tras finalizar la quimioterapia. En la vida cotidiana, estas dificultades pueden traducirse en problemas para:
- mantener conversaciones;
- leer durante un tiempo prolongado;
- seguir el hilo de una explicación;
- organizar tareas;
- recordar información reciente;
- concentrarse en el trabajo;
- atender responsabilidades familiares, sociales o laborales.
Muchas personas describen la sensación de no funcionar mentalmente como antes, de necesitar más esfuerzo para tareas que antes realizaban con facilidad o de sentirse más lentas en el procesamiento de la información.
¿A quién puede afectar?
El Chemobrain puede aparecer en personas que están recibiendo o han recibido tratamiento con quimioterapia u hormonoterapia.
La mayoría de los estudios se han realizado en mujeres con cáncer de mama, pero este fenómeno no se limita a esta población. También se ha descrito en otros tipos de cáncer, como cáncer de pulmón, colon, testículos u ovarios, entre otros (López-Santiago, 2011).
Puede aparecer durante el tratamiento, después de finalizarlo o mantenerse durante un periodo prolongado.
Evidencias de cambios cerebrales en Chemobrain
Existen bases neurobiológicas que ayudan a explicar el deterioro cognitivo asociado a la quimioterapia y a otros tratamientos oncológicos.
Por ejemplo, en mujeres con cáncer de mama tratadas con quimioterapia se han observado cambios en la sustancia blanca cerebral y una mayor actividad cerebral durante tareas de memoria (Ferguson, 2007). También se han descrito menores volúmenes de sustancia blanca y gris en regiones prefrontales, parahipocampales y cinguladas (Inagaki, 2007).
Las alteraciones en la sustancia blanca podrían contribuir a la disminución de la velocidad de procesamiento de la información, una de las quejas frecuentes en estos pacientes (Horowitz, 2018).
Además, algunos déficits cognitivos pueden persistir tras la finalización del tratamiento. Se han encontrado alteraciones en el córtex frontal, cerebelo y ganglios basales en mujeres tratadas por cáncer de mama que habían finalizado la quimioterapia entre 5 y 10 años antes (Silverman et al., 2007).
Otros estudios han descrito una reducción funcional en áreas prefrontales, especialmente relacionadas con funciones ejecutivas y control cognitivo (Kesler, 2011).
Chemobrain en niños
Los primeros casos de este fenómeno se observaron en niños con leucemia linfoblástica aguda. En estos pacientes se describieron alteraciones en el cociente intelectual verbal, cociente intelectual manipulativo, cociente intelectual total y en habilidades académicas como lectura, escritura y aritmética.
Aunque el cociente intelectual total puede mantenerse dentro de límites normales, algunos estudios señalan que, entre 2 y 5 años después del diagnóstico, puede producirse una disminución en el rendimiento cognitivo. Posteriormente, estos valores tienden a estabilizarse entre los 20 y los 40 años (Blasco, Caballero y Camps, 2013).
En población infantil, la intervención cognitiva resulta especialmente importante para favorecer el desarrollo y ayudar al niño a compensar las posibles dificultades derivadas del tratamiento.
¿Qué papel tiene la neuropsicología?
La neuropsicología tiene un papel fundamental en la detección, evaluación e intervención de las alteraciones cognitivas asociadas al Chemobrain.
El neuropsicólogo evalúa, mediante pruebas válidas y fiables, diferentes dominios cognitivos como:
- memoria;
- atención;
- funciones ejecutivas;
- velocidad de procesamiento;
- habilidades visoespaciales;
- lenguaje;
- funcionamiento emocional y conductual.
A partir de esta evaluación, se identifican las áreas alteradas y las capacidades preservadas. Esta información permite diseñar un plan de intervención personalizado dirigido a mejorar el funcionamiento cognitivo y reducir el impacto de estas dificultades en la vida diaria.
El objetivo final no es únicamente mejorar el rendimiento en pruebas, sino favorecer la autonomía, el bienestar y la participación de la persona en sus actividades laborales, familiares y sociales.
Se ha descrito eficacia de la rehabilitación neuropsicológica en algunos dominios cognitivos, especialmente en funciones ejecutivas (Kesler, 2013). También se han observado beneficios en intervenciones psicoeducativas dirigidas a comprender mejor los procesos cognitivos y manejar sus dificultades (Liang, 2018).
Conclusión
El Chemobrain es una realidad clínica que puede afectar de forma significativa a la calidad de vida de las personas que han recibido tratamiento oncológico. Sus manifestaciones pueden ser sutiles, pero interferir de manera importante en la concentración, la memoria, la organización diaria y el desempeño laboral o familiar.
Reconocer estas dificultades, evaluarlas adecuadamente y ofrecer una intervención neuropsicológica personalizada puede ayudar a mejorar el funcionamiento diario y reducir el impacto de estas secuelas.
María Ordoño. Psicóloga. Estudiante del Máster de Psicología General Sanitaria. Prácticas en Neuropsicología GDB.
Dra. Gema Díaz Blancat. Neuropsicóloga clínica en Neuropsicología GDB.
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