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El cerebro dividido: qué pasa cuando los dos hemisferios dejan de hablarse

19 de abril de 2023 · Dra. Gema Díaz Blancat

El cerebro dividido: qué pasa cuando los dos hemisferios dejan de hablarse

Imaginemos por un momento que las dos mitades de nuestro cerebro dejaran de comunicarse. Que la mano derecha hiciera una cosa y la izquierda, otra distinta, sin que la persona supiera explicar por qué. Suena a ciencia ficción, pero ocurrió de verdad, y de ahí salió uno de los hallazgos más fascinantes de la neurociencia.

A mediados del siglo XX, algunos pacientes con epilepsias muy graves se sometieron a una operación drástica: seccionar el cuerpo calloso, el grueso haz de fibras que conecta los dos hemisferios cerebrales. La idea era impedir que las crisis se propagaran de un lado al otro. Y funcionó. Pero, una vez más, una cirugía pensada para la epilepsia abrió una ventana inesperada al funcionamiento de la mente.

Los neurocientíficos Roger Sperry y Michael Gazzaniga estudiaron a estos pacientes de "cerebro dividido" con experimentos tan ingeniosos como elegantes. Aprovecharon un detalle de nuestra anatomía: lo que vemos en la mitad izquierda del campo visual lo procesa el hemisferio derecho, y viceversa. Mostrando una imagen solo a un lado, podían "hablar" con un hemisferio sin que el otro se enterara.

Lo que descubrieron fue asombroso. Si enseñaban un objeto al hemisferio izquierdo, donde en la mayoría de las personas reside el lenguaje, el paciente podía nombrarlo sin problema. Pero si lo mostraban al hemisferio derecho, ocurría algo extraño: la persona decía que no había visto nada y, sin embargo, su mano izquierda era capaz de señalar o coger ese mismo objeto entre varios. Una parte del cerebro sabía la respuesta; la otra, la que hablaba, la ignoraba por completo.

Aquellos experimentos demostraron que los dos hemisferios pueden procesar información de forma independiente, casi como dos sistemas que conviven en una misma cabeza. Cada uno tiene sus especialidades: el izquierdo suele encargarse del lenguaje y del razonamiento secuencial; el derecho destaca en lo espacial, lo visual y la percepción del conjunto. En condiciones normales no lo notamos porque el cuerpo calloso los mantiene en conversación constante, integrando todo en una experiencia única y coherente.

Hubo un detalle que siempre me ha parecido revelador. Cuando el hemisferio derecho hacía algo (por ejemplo, elegir un objeto) y se le preguntaba al paciente por qué lo había hecho, el hemisferio izquierdo, el que habla, se inventaba una explicación con total naturalidad. No mentía: construía un relato coherente para dar sentido a una acción cuyo verdadero motivo desconocía. Gazzaniga propuso que en ese hemisferio izquierdo hay una especie de "intérprete", empeñado en encontrar explicaciones y en darnos la sensación de ser un único yo unificado.

Sperry recibió el Premio Nobel en 1981 por estos trabajos. Más allá del dato, su legado nos deja una idea que sigue dando que pensar: esa sensación tan sólida de ser "uno", de tener una mente única y continua, es en buena medida una construcción del cerebro. Una historia bien contada que nos contamos a nosotros mismos.

Para quien quiera profundizar: Gazzaniga, M. S. (2005). Forty-five years of split-brain research and still going strong. Nature Reviews Neuroscience, 6(8), 653-659.