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Alimentación, suplementos y memoria: qué dice la evidencia y qué es marketing

22 de noviembre de 2023 · Dra. Gema Díaz Blancat

Alimentación, suplementos y memoria: qué dice la evidencia y qué es marketing

"¿Qué puedo tomar para la memoria?" Es una pregunta muy frecuente, y detrás de ella hay una preocupación legítima y un mercado enorme de productos que prometen mucho. Conviene pararse a separar lo que la evidencia respalda de lo que es, sencillamente, publicidad.

Empecemos por lo que sí tiene fundamento. La alimentación influye en la salud del cerebro, pero no a través de un alimento milagroso, sino a través del patrón general de cómo comemos a lo largo de los años. La dieta mediterránea, rica en verduras, fruta, legumbres, frutos secos, aceite de oliva y pescado, y con poco ultraprocesado, azúcar y grasas poco saludables, se asocia de forma bastante consistente a un envejecimiento cerebral más favorable. No porque haga magia, sino porque cuida el corazón, los vasos sanguíneos y todo el organismo, y lo que es bueno para ellos es bueno para el cerebro.

La clave está en entender el mecanismo. El cerebro no se beneficia tanto de un nutriente concreto como de un cuerpo sano y bien irrigado. Por eso tiene más sentido hablar de patrones alimentarios que de superalimentos. Ningún arándano, ninguna cúrcuma ni ninguna semana de moda compensan una alimentación globalmente desequilibrada.

¿Y los suplementos? Aquí hay que ser prudente y honesto. En una persona que come de forma variada y no tiene déficits, la mayoría de los suplementos "para la memoria" no han demostrado mejorar la cognición. Productos muy populares, como el ginkgo biloba o diversos complejos vitamínicos, han sido estudiados ampliamente y los resultados son, en el mejor de los casos, decepcionantes. Eso no significa que no puedan tener efecto placebo o que no haya casos particulares, pero sí que conviene desconfiar de las promesas rotundas.

Cosa distinta son los déficits reales. Cuando existe una carencia concreta (por ejemplo, de vitamina B12, de vitamina D o de hierro, frecuentes en algunas personas mayores o en ciertas condiciones de salud), corregirla sí importa, porque esas carencias pueden afectar a la cognición y al ánimo. Pero eso se detecta con una analítica y se trata bajo criterio médico, no comprando frascos por iniciativa propia. La diferencia entre "corregir un déficit" y "suplementar por si acaso" es enorme.

Mi recomendación, cuando me preguntan, suele ir en una dirección poco vendible pero realista: en lugar de buscar la pastilla, cuidar el conjunto. Y aquí está, seguramente, lo más incómodo de todo. Ojalá se solucionara con un comprimido: sería cómodo, rápido y al alcance de cualquiera. Pero llevar un estilo de vida saludable de verdad requiere mucho esfuerzo y, sobre todo, mucha constancia, y ahí está la parte difícil. Comer bien de forma sostenida, moverse, dormir, mantenerse activo y relacionarse hace mucho más por la memoria que cualquier suplemento de la estantería. No es lo que muchos esperan oír, pero es lo que la evidencia, hoy por hoy, sostiene.

Para quien quiera profundizar: Valls-Pedret, C., Sala-Vila, A., Serra-Mir, M. y cols. (2015). Mediterranean diet and age-related cognitive decline: a randomized clinical trial. JAMA Internal Medicine, 175(7), 1094-1103.

Este texto es de carácter divulgativo y no sustituye la valoración de un profesional. Antes de iniciar o suspender cualquier suplemento, conviene consultarlo con tu médico.